El Corazón Palpitante
Señor de Huamantanga en la actualidad Capilla improvisada después del terremoto de 1928 Auspicia: Boutique Katia < >

El Corazón Palpitante

Autor: Ángel Moreno Alberca

Auspicia: Boutique Katia

Muchas aproximaciones históricas se han hecho acerca de los origines y procedencia del Señor de Crucificado Señor de Huamantanga de Jaén Perú, imagen muy ligada a la religiosidad e historia de nuestros pueblos.

Se llegó a confundirlo con el Señor de Huamantanga decanta, cuya feria se celebra el 3 de mayo. Sin embargo esta representación es una pintura en tela y no una escultura. Tampoco se lo encuentra en el inventario colonial de la iglesia   de Jaén Viejo, levantado por el Arzobispo trujillano Baltasar Martínez de Compañón en 1786, donde si consta  la antiquísima virgen del Rosario, que la podemos admirar en el actual obispado de nuestra ciudad.

Hace pocos meses estuvieron en esta ciudad dos científicos amigos de Ulises Gamonal. Se trata del Prof. Józef Szykulski, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Wroclaw, Polonia; y el arqueólogo, paleólogo y especialista en arte religioso colonial, Dr. Enrique Bautista Quijano de la Universidad Central de Bogotá. Quienes fueron atendidos gentilmente por el párroco Humberto Tapia Díaz, en su visita a la Parroquia de Jaén.

A ver los santos antiquísimos de madera provenientes del Jaén colonial, dedujeron por sus características, que era proveniente de Trujillo del siglo XVIII. Al observar al Señor de Huamantanga, concluyeron que era una escultura proveniente de la Escuela Quiteña del Siglo XIX, por la técnica empleada llamada “corazón palpitante”, que se observa a su costado izquierdo: un pequeño corazón rojo protegido por una luna; que da la impresión de moverse y que sólo fue usada por los escultores quiteños de esa época. Este argumento, le da la razón a nuestros abuelos, que siempre sostuvieron que esta venerada imagen la trajeron del Ecuador al actual Jaén.

Señor de Huamantanga

La escultura de Quito era muy apreciada a lo largo y ancho del continente; se compraban en grandes  cantidades patronos de lo que hoy son Perú, Colombia, Venezuela, Chile y México, así como de Europa. En palabras del historiador del arte ecuatoriano José Gabriel Navarro, un hombre del siglo XX, “casi puede decirse que no hay nación en la América española en donde no se hallen sus cuadros, estatuas y crucifijos quiteños”. El mismo autor hace constar que, entre 1779 y 1788, salieron del puerto de Guayaquil nada menos que 264 cajas de esculturas quiteñas. Compitió  en prestigio la famosa Escuela Cuzqueña, sobre todo por sus célebres pinturas de arte religioso.

La antropóloga ecuatoriana Magdalena Gallegos de Donoso, sostiene que la escuela de Artes y Oficios de  Quito fue organizada por los franciscanos en 1552. Sus esculturas del siglo XVII se distinguieron por la utilización del pan de oro. Se encuentra evidencias del aporte indígena en los retablos, marcos y esculturas  ornamentadas con espejos. Asimismo usaron la “técnica del encarnado” (simulación del color de la piel del cuerpo humano). Una curiosa manifestación escultórica  quiteña es la pasión de Jesús. Se hacen Cristos de Descendimiento de goznes en los brazos y en la cabeza. En el momento de la ceremonia del viernes santo, se retiran los clavos y los brazos caen pesadamente junto al cuerpo y empieza la Ceremonia del Descendimiento. Son estos los autos sacramentales que se repiten hasta nuestros días.

Termina la autora diciendo que su pasión por el arte colonial quiteño no sólo es un deleite estético, un interés histórico, una reflexión antropológica, sino también una profesión de fe.

Fuente: Revista Jaén de Bracamoros de la MPJ.

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